The nuance master

Cédric Tiberghien can do anything on a piano, he showed that much on last night’s performance at the Queen Elizabeth Hall. He filled the room with precious sounds, playing with them to create a parallel world for each one of the assistants. The coherent rhapsodic program helped him achieve it, but it was his dominion of all kinds of sound nuances, what turned the concert into a masterclass.

His vision of all three works -and the Debussy encore- was psychologically deep, we could tell that he was honest and generous, not keeping for himself any feeling, doubt or certainty that he had inside. With Liszt’s Années we got peace and reflection; with Symanowski’s Masques, lyricism and complexity; with Ravel’s Miroirs, exuberance and magic. We were privileged spectators, able to travel with this exceptional pianist to parallel realities while staying with him.

Tiberghien is a big virtuoso, but he has much more to offer than that, which made his concert absolutely delightful for our ears. He’s able to play different lines on several acoustic planes, such is his mastership on sound nuances. He dominates the dynamics, with a wide range to pick up from; he’s a master on attacks, with incredible legato arpeggii; he has a perfect sense of rhythm, not easy at all in these pieces… Altogether he has an unbelievable dominion of sound and its nuances, which allows him to offer a much more complex performance of these delicate pieces, delicious in his version. I will keep good track of you, Monsieur Tiberghien!

[youtube http://www.youtube.com/watch?v=ow6uD58Te6c?feature=player_detailpage]

Source of the featured picture (© Benjamin Ealovega) / Fuente de la foto ilustrativa

Cédric Tiberghien puede hacer lo que quiera en un piano, anoche nos lo demonstró en su actuación en el Queen Elizabeth Hall. Llenó toda la sala de sonidos preciosos, jugando con ellos para crear un mundo paralelo para cada uno de los asistentes. El coherente programa rapsódico le ayudó a conseguirlo, pero su increíble dominio de todo tipo de matices sonoros convirtió su concierto en una auténtica clase magistral.

Su concepto de las tres obras -y el bis de Debussy- fue psicológicamente profundo, y a la vez se notaba que estaba siendo honesto y generoso, sin reservarse ningún sentimiento, duda o certeza para sí mismo. Con los Années de Listz nos ofreció paz y reflexion; en las Masques de Symanowski, lirismo y complejidad; y con los Miroirs de Ravel, exuberancia y magia. Fuimos unos espectadores privilegiados, invitados a viajar con este pianista excepcional a realidades paralelas, mientras permanecíamos con él.

Tiberghien es un gran virtuoso, pero tiene mucho más que ofrecer, y eso fue justo lo que hizo su concierto absolutamente delicioso para nuestros oídos. Es capaz de tocar varias líneas melódicas y mantenerlas en planos acústicos diferentes; tal es su maestría en los matices sonoros. Domina las dinámicas, con un amplio repertorio del que escoger; es un maestro de los ataques, con increíbles arpeggios en legato; también tiene un perfecto sentido del ritmo, para nada fácil en estas piezas… En conjunto, tiene un extraordinario dominio del sonido y sus variaciones, y eso le permite ofrecer una interpretación mucho más compleja de estas piezas delicadas, y deliciosas en su versión. ¡Le seguiré la pista sin duda, Monsieur Tiberghien!

 

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